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El Palacio de la Marquesa de Cartago, una joya neogótica con un sorprendente “mono comiendo uvas”

Foto: José Antonio Hernández

Ciudad Rodrigo esconde detalles artísticos que pasan desapercibidos a primera vista, y uno de los más llamativos se encuentra en el Palacio o Casa de la Marquesa de Cartago, un edificio singular cuyo balcón esquinado alberga una curiosa figura: un “mono comiendo uvas” tallado entre sus motivos decorativos.

Este peculiar detalle se encuentra en la garita almenada que hace de balcón, un elemento único dentro del conjunto monumental mirobrigense, decorada con motivos neogóticos, ventanales apuntados y una riqueza ornamental poco habitual en la ciudad.

Una historia marcada por la leyenda

La construcción del palacio comenzó en la última década del siglo XIX, sobre los solares del mayorazgo de Corbalán, propiedad del marqués de Espeja. La promotora fue Doña Concepción de Narváez y del Águila, Primera Marquesa de Cartago, una aristócrata de gran fortuna que impulsó la obra alrededor de 1899.

Sin embargo, la edificación quedó inacabada tras su fallecimiento y, según la leyenda popular, una gitana le habría augurado que moriría justo al concluir la construcción del palacio, lo que explicaría la paralización durante casi 50 años. Finalmente, tras pasar por diversos propietarios, las obras se retomaron y se concluyeron en 1953. La última dueña, sin descendencia, lo donó al Obispado.

Un edificio único en el paisaje urbano

El palacio, de estilo neogótico, originalmente contaba con tres pisos, aunque una reforma posterior eliminó parte del último nivel, conservando únicamente la torreta. Actualmente presenta dos plantas y la característica torre que lo distingue.

Su portada luce un dintel donde aparecen dos reyes de armas, una corona y los escudos de los linajes Narváez y Águila, acompañados de las inscripciones:
“El León es Fuerte” y “El Águila Vuela las Alturas”.

Las ventanas incluyen decoración floral, flor de lis y águilas —símbolos nobiliarios—, pero el elemento más emblemático es el citado balcón esquinado, con su icónico mono degustando uvas, un guiño artístico tan inesperado como encantador.

Una obra singular dentro de Ciudad Rodrigo

Su llamativo color blanquecino, los materiales utilizados y su estética neogótica hacen que este edificio destaque entre la arquitectura tradicional de Ciudad Rodrigo. Su originalidad, historia y simbolismo lo convierten en un punto obligado para quienes desean descubrir los secretos menos conocidos del patrimonio local.

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