Salamanca mantiene viva la tradición de los castañeros pese a la baja producción por los incendios

Foto: A.Aliaga
La temporada de castañas ha comenzado con menos fuerza este año en el noroeste de España. Los incendios que afectaron zonas productoras como Galicia y El Bierzo han reducido notablemente la cosecha de castañas, provocando una menor oferta en los mercados y en los tradicionales puestos callejeros.

A pesar de ello, Salamanca sigue siendo una de las ciudades más emblemáticas en mantener viva la figura del castañero. Con una veintena de puestos repartidos estratégicamente por la ciudad, la tradición sigue encendida, literalmente.
Antiguamente, los castañeros se agrupaban en torno a la Plaza Mayor, donde, con sus mandiles manchados de barro y sus braseros al rojo vivo, ofrecían las castañas en cucuruchos hechos de papel de periódico. Hoy, la imagen ha cambiado, pero no el espíritu. Ahora los puestos están distribuidos en diferentes puntos del casco urbano, gracias a un sorteo que organiza el Ayuntamiento para evitar la competencia directa entre ellos y garantizar un reparto equitativo.

Uno de los rostros conocidos de esta tradición es Miguel Ángel, el castañero protagonista de nuestro reportaje. Este año, su puesto está ubicado en la Plaza de la Puerta de Zamora, en pleno centro de la ciudad. “Es un trabajo de paciencia, y más cuando la producción escasea”, comenta Miguel Ángel mientras llena una bolsa con castañas recién asadas.

El cambio más visible es el embalaje: ya no se utilizan cucuruchos de papel, sino bolsas de doble fondo, una innovación que permite mantener la ciudad limpia. Un compartimento guarda las castañas, y el otro sirve para depositar las cáscaras, facilitando así la recogida de residuos y evitando que acaben en las aceras.

Pese a las dificultades de este año, los salmantinos siguen acercándose a los puestos, no solo por el sabor, sino por la nostalgia que evoca el humo, el olor a castaña asada y el calor que reconforta las manos en los días fríos de otoño.













