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Pedro Gutiérrez «El Capea» se despide de los ruedos en solitario con seis toros

El matador de toros Pedro Gutiérrez Lorenzo «El Capea» dice adiós en la plaza de toros de Guijuelo, donde afrontará este viernes una corrida con seis toros en solitario en una tarde que promete estar cargada de emoción y simbolismo.

Hijo del legendario Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea”, figura indiscutible de la tauromaquia, Pedro ha forjado una trayectoria marcada por la seriedad, el compromiso y el respeto a la profesión. Aunque no alcanzó la proyección mediática ni el éxito de su padre, uno de los mejores diestros que se recuerdan, ha sido siempre un torero apreciado en numerosas plazas y respetado por la afición.

La elección de Guijuelo, un lugar que considera ideal donde ha sentido siempre el cariño del público, no es casual. Allí cerrará el capítulo más importante de su vida profesional en un gesto de gratitud, responsabilidad y torería.

Esta tarde taurina precede curiosamente a la de Javier Castaño en el mismo escenario y con idéntico aprecio, uno de los destacados diestros charros en los últimos lustros, que vive también su epílogo y cuya despedida de los ruedos tendrá lugar en la feria del Pilar el próximo 5 de octubre en Zaragoza.

Con la despedida de Pedro Gutiérrez “El Capea”, la tauromaquia pierde a un torero íntegro, valiente y noble. El Capea, cuya titularidad comparte con su hermana Verónica; Domingo Hernández, El Freixo, San Pelayo, Puerto de San Lorenzo y Victorino Martín, un gran elenco ganadero para disfrutar de una entrañable tarde.


Por AMADOR VICENTE

“Preferimos que no le hagáis entrevistas, porque no queremos que mi hijo sea torero, ya sabes lo que es esto, qué te voy a contar”. Conversación telefónica con su padre cuando lo llamé para un reportaje en mi revista. El que sabía bien lo que era el oficio era él, figura indiscutible del toreo, líder del escalafón tantas veces en los 70 y 80, cinco veces por la Puerta Grande en Las Ventas. Y entre otras, aquella cogida gravísima en Zaragoza que hizo temer a su familia lo peor. Pero esa transición de Perico, como lo llaman sus amigos, a la decisión final y la aquiescencia de su familia, fue todo un misterio. Su abuela Alejandra, vecina en aquella zona de Carmelitas tan popular, junto al Campo de San Francisco, donde también reíamos con su abuelo, el señor Manolo, me iba informando… “Todavía no se sabe nada”. Y un tiempo después… “Estas Navidades ya van a tomar la decisión…”. Finalmente no pudieron impedir que su nieto definitivamente cogiera los trastos. Don Miguel, el Párroco de Las Salesas y La Glorieta siempre lo presintió, pues me contó en su día que su padre le había dicho, en aquel entonces en el que era un niño, que ya trasteaba las tablas.

La iniciativa de Perico “Capea” tuvo un gran mérito, como la de todos los que toman esa decisión de ponerse delante de un toro. En su caso no lo necesitaba, podía trabajar junto a su familia o desarrollando la profesión después de su carrera universitaria. Pedro Gutiérrez “Capea” ha tenido sus etapas, sin brillar especialmente su carrera pero también con buenas faenas, y siempre teniendo que aguantar la sombra del cartelazo de su padre, como todos los hijos de artistas, y muchas veces las críticas de una parte de la afición local, tantas veces no justificadas, por este carácter puñetero de la afición charra que también sufrió su padre y han tenido que soportar igualmente bastantes futbolistas de la tierra en el Helmántico.

“Me he puesto en casa un traje de luces de mi padre y la verdad es que me siento muy raro”. El hijo y el padre. Parece que fue ayer, pero se cumplen ahora 21 años de la alternativa de Pedro Gutiérrez El Capea (Salamanca, 1979) en Málaga, el 16 de agosto, con Javier Conde como padrino y Julián López “El Juli” como testigo, con un toro de Daniel Ruiz. Emotiva tarde en Guijuelo, donde siempre sintió el cariño de cerca. La antesala con su padre “El Niño de la Capea” y su cuñado Miguel Angel Perera, fue preciosa. Ahora con seis toros, un viernes de la Virgen de la Asunción lleno de emociones, con todos los suyos, también por las ausencias familiares que mirarán desde arriba. Mucha suerte, torero.

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