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Internet: comunicación, conocimiento... y control social

Martín Furameda

¿Hemos sido abducidos o atrapados por La Red? Recuerdo una frase que incluso llegué a pronunciar con sano e ingenuo convencimiento en el albor de este siglo XXI, cuando Internet era en aquel entonces algo novedoso que venía para quedarse, y quienes comenzábamos a adentrarnos en ese océano de información y contenido multimedia no dejábamos de maravillarnos ante la abrumadora sensación de libertad y de ilimitado conocimiento... al alcance de un simple clic. Esa frase no era otra que algo así como: "Internet, ese océano de libertad al que no se puede poner puertas, al igual que no se puede poner puertas al mar".

La Red de redes, así era conocida también en sus inicios esta joven dama bienintencionada que, con el paso del tiempo, en apenas una década, entre su gruesa capa de maquillaje comenzaba a adivinarse una tez algo arrugada, un ceño fruncido y un apetito voraz, no sólo desde el punto de vista material.

Era de la Información Manipulación

El caso es que los años fueron pasando, y esa sensación de libertad sin límites que proporcionaba La Red en su fase inicial, gracias también al anonimato y a la todavía incipiente legislación en la materia, fue poco a poco difuminándose. Cada vez más datos personales eran necesarios para abrirse una simple cuenta de correo electrónico; cada vez más leyes, reglamentos y directivas eran aprobados tanto por los Estados como por entes supranacionales, caso de la Unión Europea, siempre con la "sana" y "única" intención de proteger al usuario y evitar que Internet se convirtiese en una anónima y oscura ciénaga para malas prácticas y nuevas formas de delincuencia; como suele suceder en no pocos ámbitos de la vida, esa sana intención primigenia, acabaría siendo aprovechada para algo más.

Por otro lado, si echamos la vista atrás a los inicios de Internet, eran muchas y variadas las opciones a las que uno podía dirigirse tanto para encontrar contenido como para tener una simple cuenta de correo. Es decir, el partido se jugaba en múltiples terrenos, en numerosas canchas, unas mejores, más sofisticadas, otras más humildes; parecía que Internet iba a proporcionar un refuerzo de las libertades de expresión y de acceso a la información, a medida que la ciudadanía se fuese conectando.

Y, cómo no, la irrupción de las Redes Sociales vendría a dar ese empujón definitivo a la denominada Era de la Información, donde ésta se iba a convertir en herramienta indispensable en nuestro a día a día, no sólo por las innovadoras formas de comunicación, sino porque disponer de ella, desde el punto de vista de la relevancia, se antojaba tarea nada fácil a la hora de pescar información precisa y de calidad en ese océano poblado de fake news en el que comenzaba a ser muy complicado distinguir una ballena de un tiburón, o una sardina de un verdel; daba la sensación de que a veces todo parecía como esos gigantes bancos de peces que en décimas de segundos pasan de estar dispersos a moverse como un todo.

Rentabilidad, control social y pérdida de libertad

Y siguiendo con la fauna marina a modo de comparación, vimos como paulatinamente el pez grande se fue comiendo al chico, los gigantes tecnológicos fueron engullendo a los enanos, y no tan enanos, que todavía pululaban por La Red, y esa sensación de libertad se iba desvaneciendo. Un buscador de referencia, un mercado online de referencia, unas contadas redes sociales de referencia... lo que se venía jugando en varios terrenos de juego, en muy poco tiempo pasó a hacerse en prácticamente uno solo.

Es decir, todo empezó como ese banco de peces de pequeño tamaño que en alta mar se siente libre e inexpugnable pero, de repente, comienza a ser asediado por otros de enormes dimensiones, cuyos movimientos lo van desplazando y dispersando, tomándose su tiempo, sabiendo que más pronto que tarde... llegará el espectacular banquete.

Los millones de usuarios hoy en día conectados a La Red serían ese banco de peces al que, poco a poco, han ido arrinconando, haciéndole creer que estar conectado proporciona más libertad, independencia y autonomía... cuando en realidad, mientras estamos embobados con y atrapados por la tecnología, los peces gigantescos han ido creando las condiciones para, pese a la inmensidad de ese océano por el que navegamos creyéndonos con patente de corso, ir dispersando y enjaulando al banco de peces; en este caso no para engullirlo, pero sí para obtener de él rentabilidad material, por un lado, y control social, por otro. ¿Quiénes ganan? Es obvio. Esas empresas y los gobiernos; dinero, miles de millones... y control. El poder de estos gigantes es tan grande que, aunque ni quieran ni puedan engullir al banco de peces al completo, tienen la suficiente capacidad para hacerlo con determinados gobiernos. ¿Quién pierde? Huelga decirlo. ¿Qué perdemos? libertad.

Contenido "no relevante" o el nuevo eufemismo para la censura

Una vez la ciudadanía está bajo su control, la oligarquía tecnológica ya no sólo está en disposición de hacer llegar a aquella el mensaje de acuerdo a sus intereses, sino que dispone además de otra poderosa herramienta que sirve para incrementar su control y marginar a quienes disientan de la oficialidad: la censura. Y, ojo, porque no se trata únicamente de censura en el sentido de querer publicar un determinado contenido y que éste nunca lo logre o, si lo consigue, que en un pequeño lapso de tiempo sea eliminado con las excusas más peregrinas.

Si echan un vistazo con detenimiento a los buscadores, se podrán dar cuenta de que ya no es posible encontrar páginas web o entradas que hasta no hace mucho aparecían; no en la primera pantalla ni en la segunda, a lo mejor en la quinta o en la novena, pero aparecían. La justificación a esta ausencia de contenido es que se trata de contenido "no relevante"; es decir, unos pocos, realmente muy pocos, están decidiendo lo que es o no relevante para miles de millones de personas en todo el planeta.

Reescribiendo Aniquilando la Historia

Y es que no sólo estamos hablando de artículos de opinión o información que, aunque polémica, ha sido debidamente contrastada; nos referimos también a hechos indiscutibles que forman parte de la Historia... y que, literalmente, están siendo barridos de La Red, es decir, las nuevas generaciones, salvo que alguien se tome la molestia de contárselo, nacerán en un presente con un pasado reseteado y un futuro que algunos pretenden no sea protagonizado por el ser humano, sino por inteligencias artificiales. Sea como fuere, lo que por desgracia es ya una realidad, es que para estas generaciones, si algo no está Internet, es porque, sencillamente, no existe.

¿Dónde ha quedado, pues, ese océano de libertad y de refuerzo de los valores democráticos que a priori traía bajo el brazo Internet? ¿Cómo es posible que alguien haya logrado poner puertas al mar? Quizás porque realmente no sea necesario ponerle puertas... siempre que logres arrinconar y meter en una jaula al banco de peces, al que luego podrás alimentar, o privarle de alimento, a tu antojo. Y ese alimento, o esa droga, no es otra que la dependencia tecnológica.

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