Cartas: Bochorno en mi comunidad de vecinos

En julio de 2020 entré de presidenta de mi Comunidad de vecinos. Era nueva en estas tareas pero quería afrontar dicho cargo con competencia y con la ayuda de algunos colaboradores. Enseguida me di cuenta de que había mucho por hacer y algunas prácticas por cambiar. Por ejemplo el portero se excedía en sus funciones y estaba acostumbrado a que nadie prácticamente le dijera nada, sin hacerme caso. Una muestra es que las facturas no le gustaba que pasaran por el presidente de turno y se las llevaba directamente al administrador, un hábito que cambié enseguida. Es una Comunidad que tiene muchas posibilidades pero en mi opinión se gastaba dinero de forma innecesaria, en lugar de utilizarlo en las mejoras de infraestructuras. Me di cuenta también de que los propios vecinos podían perfectamente gestionar el gasoil y no tenía por qué hacerlo el administrador.
Muy pronto empecé a encontrar piedras en el camino. Sorprendentemente en esta Comunidad, y en otras muchas, pasan muchas gestiones por el administrador cuando no es necesario, ya que los vecinos pueden contratar diferentes profesionales sin tener que pasar por terceros, y por supuesto la gestión del gasoil. Nuestro administrador, que llevaba muchos años ocupando el cargo y nadie le ponía un pero, se dio cuenta de que había llegado una presidenta que miraría las cosas. Y empezó una larga lucha con él y algunas vecinas que lo defendían, aparte de la inestimable colaboración del portero, buscando siempre su beneficio y seguir en su puesto de trabajo, consciente de que muchos vecinos lo cuestionaban.
Mi etapa como presidenta se alargó por la pandemia, para disgusto de algunos vecinos y el propio portero, que suponían un auténtico freno para el progreso de nuestra casa. Algunas de las vecinas que querían mantener al portero habían hecho un gran esfuerzo hace casi una década para despedirlo, cuestionando su trabajo y el gasto que suponía, que pensaban que era en parte un dinero en balde. Curiosamente cambiaron su actitud porque les hacía falta en su campaña para echarme a mí y a mis colaboradores y mantener al administrador, utilizándolo de forma lamentable y él dejándose por su propio interés.

Pocos vecinos dan la cara
Tengo que decir que hubo siempre muchos vecinos que nos apoyaron a los que queríamos cambiar la gestión de la Comunidad y modernizarla, gastando en lo necesario, pero a la hora de la verdad, buena parte de ellos no quisieron dar la cara. Entre unas actitudes y otras algunos vecinos en profesiones relacionadas con la docencia o centros de riesgo, han hecho un papelón lamentable. O los sanitarios que quedaron en evidencia recientemente por su poco competente e hipócrita gestión. Y te das cuenta de que afrontar los problemas con personalidad no está precisamente en el oficio ni en la edad, sino en el propio carácter que se construye cada uno.
He querido escribir esta carta porque sé que los problemas de nuestra casa son del mismo modo el reflejo de otras comunidades de vecinos que se han topado con los mismos problemas: vecinos inhibidos y jetas, y administradores que no trabajan precisamente por el bien de su comunidad (en muchas de ellas, también presente nuestro administrador, muy ocupado también en la política). Y siempre podemos estar a tiempo de cambiar el destino de nuestros edificios, si se convencen muchos inquilinos de que merece la pena luchar por su casa.
Siguiendo con la situación tan rara esta conocida Comunidad de Carmelitas, el administrador, los vecinos que estaban con él y el propio portero, nunca me perdonaron que quisiera poner las cosas en su sitio. Y nunca me dejaron celebrar la Junta final con un Orden del día en el que quise someter a votación la continuidad del portero y del administrador, una presión ilegal, para consiguieron mantenerlos. Esta Comunidad de vecinos ha tenido que aguantar las artimañas del administrador, con un importante cargo en su Colegio, la ayuda siempre del portero, con una actitud muy poco profesional y fuera de sus funciones por su miedo a ser despedido, y de poco respeto también con vecinas mayores a las que acosaba. Nadie me agradeció tanto dinero que se ha ahorrado la Comunidad desde hace varios años, porque actualicé el seguro que gestionaban los vecinos con su empresa aseguradora, que nos cobraban el triple de lo debido de forma vergonzosa, porque no les había interesado ponerlo al día.
Al final consiguieron echarme este grupo de vecinas en una reunión vergonzosa en la que tuvimos que aguantar las trampas del administrador, firmando de forma ilegal por algunos vecinos ausentes y utilizando a un secretario como testigo de dicha Junta, sin estar presente. Su argumento para engañar a un número de vecinos suficiente fue que no me quería ir. Y era cierto, no me quería ir sin limpiar la Comunidad.
El eje del cisma
El dúo del portero con el administrador ha tenido su incidencia negativa en muchos momentos para el porvenir de esta casa, y especialmente una vecina amiga del administrador. Un administrador al que se le han permitido acciones como llamar a los vecinos para convencerlos con argumentos inventados o llevar al hermano de la entonces vigente presidenta en la reunión de la cochera para firmar un acta como Secretario sin estar presente en dicha Junta (al marcharse a los 5 minutos), para prescindir de la Vicepresidenta, que a él no le interesaba por su actitud crítica y de control; una convocatoria para la que contó con sus fieles colaboradoras y en la que una vez más se engañó a los vecinos, y en no de los casos un caso flagrante, una vecina del 3º para que no fuera a dicha reunión, al indicarle que votaría por ella, sin que constara consentimiento escrito alguno, pero sí escribir su nombre en la votación.
El portero ha sido un gran colaborador en la dirección contraria del camino para poner las cosas en orden y eliminar prácticas en contra de los intereses del edificio, siempre para mantener su puesto, presionando y acosando a los vecinos, con escaso interés de mejorar las infraestructuras del edificio y realizando labores por mandato de recogidas de firmas, etc., que nunca le han correspondido, al tiempo de criticar y meter cizaña a quienes lo han cuestionado. Un portero que creó hace tiempo dos bandos entre quienes han sido condescendientes con él y los que lo han cuestionado por algunas tareas que no convencen y por el gran gasto que supone su contrato de una jornada entera.
Un portal trasnochado, con barreras arquitectónicas que duran demasiado, tan molestas para muchos vecinos, una puerta impresentable que dejó a los gestores tan mal, unos gastos en muchos casos exagerados, la falta de unas oportunas cámaras de seguridad, etc. Cambios imposibles si siguen callados muchos vecinos con una pasividad lamentable que llama la atención. Una realidad que cierra proyectos y deja trasnochado al edificio.
Belén Sánchez, ex Presidenta de Comunidad de vecinos.













