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Adicciones a la carta

Hilario Garrudo Hernández. Psicólogo Clínico, Formador de Formadores y Psicoterapeuta del Centro Provincial de Drogodependencias de Granada

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adicción como un “trastorno físico y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, una actividad o una relación que tiene consecuencias nocivas para la salud y el equilibrio psíquico de la persona que la sufre”.

Se trata de un fenómeno multifactorial en el que concurren factores biológicos, psicológicos y sociales. Por una parte, la conducta adictiva altera el equilibrio químico del cerebro al actuar sobre el sistema de recompensa cerebral, produciendo una sensación placentera al llevar a cabo esa conducta o evitando el malestar que produce la interrupción de la conducta o actividad adictiva. Esto tiene una evidente repercusión psicológica ya que la persona tiende a buscar esas conductas, actividades o relaciones de las que depende, cuando surgen dificultades, para suplir carencias o para evitar las frustraciones de la vida cotidiana. Se trata de una especie de “atajo” que requiere menos esfuerzo para conseguir determinados fines o un supuesto estado de bienestar emocional. Por su parte, la sociedad hedonista y consumista en la que estamos instalados siempre está solícita a poner a nuestra disposición todo tipo de productos y “recetas mágicas” para hacernos sentir bien sin esfuerzo ni demora, en una especie de “solución mágica” a todos nuestros problemas.

Así pues, podríamos decir que estamos ante una sociedad adictiva que nos ofrece todo tipo de “adicciones a la carta” para que cada cual elija aquella que se adecúa más a sus necesidades y apetencias personales.

En este sentido, en la sociedad actual hay que diferenciar entre dos grandes grupos de adicciones: las producidas por el consumo de drogas o adicciones con sustancia y las adicciones comportamentales o sin sustancia. Entre las primeras, la clasificación más rigurosa es la que hace alusión a cómo afectan las distintas drogas sobre el SNC y así tenemos drogas estimulantes, que aceleran el funcionamiento del cerebro, como la cocaína, las anfetaminas o la cafeína. En el polo opuesto están las drogas depresoras que ralentizan el funcionamiento cerebral y aquí tenemos a los derivados opiáceos como la heroína o la metadona, el alcohol o los hipnosedantes. Y luego hay un grupo de sustancias denominadas perturbadoras ya que lo que hacen es alterar o distorsionar el funcionamiento cerebral; en este grupo se encuentran en primer lugar los alucinógenos, pero también podemos incluir a los derivados del cannabis (hachís y marihuana) y las drogas de laboratorio como el éxtasis o el fentanilo (un opiáceo sintético que está haciendo estragos al ser mucho más potente que la heroína).

Cada vez más frecuentes en las relaciones interpersonales en una sociedad sobreprotectora que no enseña a los menores a gestionar sus emociones.

Entre las adicciones comportamentales cabe mencionar en primer lugar el uso problemático de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), si bien hay que dejar claro que los manuales diagnósticos internacionales en salud mental solo reconocen la adicción a los videojuegos, pero es cuestión de tiempo que se reconozca también la adicción a internet y redes sociales. En las adicciones sin sustancia también entrarían otros trastornos adictivos como la ludopatía, juegos de azar y apuestas deportivas; la adicción a las compras compulsivas, al trabajo o al sexo y sin olvidarnos de las grandes descuidadas, las dependencias o adicciones emocionales, cada vez más frecuentes en las relaciones interpersonales en una sociedad sobreprotectora que no enseña a los y las menores a gestionar sus estados emocionales cambiantes y, en muchos casos, generándoles dependencia de sus referentes adultos.

Para concluir, es importante señalar que entre todas las conductas adictivas mencionadas las que más se están incrementando en menores, especialmente a raíz de la pandemia, son las relacionadas con el uso problemático de las TIC y el consumo de hipnosedantes, y en ambas con una implicación directa de las familias que permiten o incluso fomentan estas conductas. Sobra decir que queda mucho trabajo por hacer, especialmente en el plano preventivo tanto a nivel familiar como escolar y comunitario y en esta tarea estamos todos implicados si queremos frenar o paliar estos trastornos adictivos que tanto impactan sobre la salud mental de la población.

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