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Conversaciones de barra (II): A palo seco

Por A. Ferrara

Foto: A. Ferrara

Tony Nicosia y Elmer Costello sólo se veían las caras cuando coincidían en el único bar de Little Paradise, donde solían disfrutar de fluidas, animadas y trascendentales conversaciones que saciaban su curiosidad y alimentaban su intelecto. Se trataba de diálogos elevados; no en vano eran mantenidos desde un taburete, junto a la barra. Eran diálogos a palo seco, de un solo trago.

— ¿Qué va a ser Tony, lo de siempre?
— No Elmer, creo que esta vez será un varón.
— No, me refería a si te pido lo de siempre.
— Si me pides lo de siempre no habrá manera de que pruebe algo diferente.
— Conmigo no te hagas el gracioso, Tony.
— No puedo pretender no hacerme lo que, de hecho, ya soy, Elmer.
— No cabe duda de que te quieres quedar conmigo.
— Pero no será por mucho tiempo, tengo que ir al banco.
— ¿Alguna letra devuelta? ¿O es que vas a pedir un préstamo?
— Me refería al banco que hay frente a mi casa, donde me siento a echar pan a los pájaros.
— Te gusta jugar al despiste, ¿eh, Tony?
— Sinceramente, prefiero jugar a las cartas, preferentemente al póker.
— ¿Sabes Tony? Un día de estos se me va a agotar la paciencia…
— ¿Y cómo sabes que será uno de estos días y no dentro de un par de meses?
— Se me están hinchando las pelotas… ¿Sabes que quien ríe el último, ríe mejor, Tony?
— No sé, Elmer. También dicen que los últimos serán los primeros, lo cual nunca ha acabado de convencerme.
— No tienes remedio, Tony.
— Eso mismo me dijo el doctor Fylwell antes de ser internado.
— No sabía que te habían internado…
— No Elmer, no fue a mí a quien internaron, sino al doctor Fylwell.

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