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Échame una mano, primo

Por L. M. Alboreda

Cada día que pasa, el círculo de la organización criminal y corrupta emanada de la cúpula del PSOE se estrecha más en torno al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sí, ese que tiene "lapsus" con la (in)tolerancia hacia la corrupción, que dice que lo de Santos Cerdán es "una anécdota", que nunca miente sino que simplemente "cambia de opinión" y, lo que es peor, que junto con sus socios frankenstein han hincado como drácula sus colmillos sobre la nación, acelerando su marcha hacia el desfiladero. Sólo falta la momia. ¿O acaso en eso se está convirtiendo España?

Produce hicierta hilaridad y sonrojo el que, con la que está cayendo y la que se avecina, la claqué política que padecemos se dedique a pedir adelanto electoral, unos, y a negarlo, otros. Ahí los tienen, a estos mediocres mequetrefes con apenas -en el mejor de los casos- o ninguna -la mayoría- experencia fuera de la política, enfrentados en una dialéctica sobre las urnas, cuando un presidente del Gobierno, por primera vez en la historia, vamos a decir, moderna de España, puede acabar en la cárcel.

¿Y qué hace el pseudo-líder de la oposición? Pedir elecciones... y montar un Congreso del partido donde reafirmar su liderazgo. Claro que, ¿cómo reafirmar aquello de lo que se carece? Cosas de partido, ya saben, "democracia interna" y tal y tal, purgas y demás. Ni una propuesta siquiera que ilusione a la ciudadanía. ¿Saben por qué? Porque a todos ellos lo que realmente les importa es salvar el putrefacto régimen del que viven muy bien.

Y no les quepa la menor duda de que el Sr. Feijóo, con Sánchez fuera de juego, tenderá la mano al Partido Socialista si hace falta para salvarlo y que no desaparezca, y así mantener el actual régimen de partidos, esa partidocracia a la española. Ese fue, es y quieren que siga siendo el consenso de la Transición.

Este artículo no tiene como fin, ni mucho menos, ni hacerle el caldo gordo a la otra cabeza del PP -que aunque en Madrid no hay playa, ¿que sería de ella sin el MAR?- ni al "líder" de VOX, que va a salvar a España sin tener experiencia alguna fuera de la política. Y llegados hasta aquí, dirán, ah, que de lo que se trata entonces es de dejar bien a Podemos, Sumar, restar, multiplicar, dividir... Seamos serios. ¿Y PNV, Bildu, ERC y Junts? Estos merecen capítulo aparte.

Pero ellos no son la causa -como todo lo hablado hasta aquí-, sino la consecuencia; la de contentar a algunos hace décadas durante el cambio de régimen, garantizando así la dependencia de los sucesivos gobiernos de fuerzas minoritarias "nacionalistas", "independentistas" y filoterroristas. Es decir, garantizando la inestabilidad permanente y procurando la destrucción de España como nación. ¿Quién estaba detrás manejando los hilos y tuteló la Transición? Desde luego que amigos de España no eran. Sí, y los anteriores términos, "nacionalistas" e "independentitas", están entrecomillados porque todo ha sido hasta hoy una tomadura de pelo. El supuesto nacionalismo e independentismo son la excusa para ganar poder y, valga la redundancia, poder ejercer el chantaje a la hora de negociar el pecunio para ¿mejorar la vida de los ciudadanos? No, el de unas pocas familias, las mismas que ya gozaban de su estatus privilegiado con Franco.

Por cierto, curioso quienes tratan de blanquear a ETA, incluso hasta querer negar su existencia; en cambio en su "memoria democrática" el caudillo siempre está presente. Es una memoria un tanto selectiva, ¿no creen?

Y volviendo al régimen de partidos, entonces... ¿ninguno vale? En el año 1978 se firmó la sentencia de la nación española por parte de quienes la traicionaron, al servir a intereses de terceras potencias, y recibiendo a cambio poder y riqueza material.

Un sentencia que incluía no sólo la fragmentación de España como nación para su debilitamiento en favor de terceros -enemigos, por tanto, y no aliados-, sino la instauración de una oligarquía de partidos -la monarquía parlamentaria es un subterfugio- como pilares fundamentales del Estado. No se trataba de que hubiera separación de poderes y que la ciudadanía estuviese representada en las elecciones. Se trataba de diseñar un sistema en el que dos partidos se repartiesen el poder, con predominancia de uno y haciedo de muleta el otro.

Por eso, cuando el PP llega al poder, no toca nada de lo que ha hecho el PSOE anteriormente en materia legislativa. Ni lo han hecho ni lo harán.

Por eso, ambos partidos siempre se ponen de acuerdo en votar cuestiones que les benefician en cualquier institución, ya sean ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas... Lo hacen porque defienden sus intereses de clase. Lo hacen poque de eso va el famoso consenso de la Transición. Hoy por ti, mañana por mí. Hacen el teatrillo para forofos, pero se unirán siempre si ven peligrar el sistema del que se amamantan. Es por ello que el no-líder del PP siempre estará dispuesto a tender la mano... al PSOE. Ojo, no a Sánchez, sino al Partido Socialista. Necesario compañero de viaje para mantener con respiración asistida a este régimen que ha colonizado e infectado todas las instituciones del Estado. Normal. Nació del consenso. Ya nació corrupto.

¿Y entonces, qué hacer? Estas líneas no son para decirle a nadie lo que tiene o debe hacer. En absoluto. Simplemente tratan de rasgar cortinas y que entre un poco de luz en este túnel de fraude y estafa en el que la ciudadanía se encuentra desde hace casi medio siglo. Se dice pronto. Cada cual debe tomar las riendas de su propia vida y no aguardar instrucciones de terceros que nos utilizan y manipulan respecto a qué dirección tomar.

Y hablando de tomar direcciones, y de los no-líderes del gobierno y la oposición, una flecha parece apuntar al talego. ¿Y la otra? La otra a Los Peares.

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