Volver a Noticias

La Plaza Mayor y el valor añadido

Foto: Ismael Marcos©voyeur.de.lo.efímero
Maxi Moreno (Club Viernes 13)

Tomar café en una terraza de la Plaza Mayor de Salamanca, cuando cae la tarde, es uno de mis mayores placeres: por el café, por la panorámica y por el escenario. Esa luz perezosa hace que me olvide del ruido y del gentío para concentrarme en la hermosura del cielo y de la tierra. El aroma de la bebida le añade el factor sensorial que favorece la contemplación y la reflexión.

— Son 2,70€ —dice, amablemente, el camarero.

¡Ostras! Se me acabaron las disquisiciones filosóficas. Saco el monedero para pagar, como es preceptivo, mientras que, en mi interior, me pregunto ¿He roto algo? La primera reacción es de rechazo a un precio que, en principio, me parece algo elevado, sobre todo si lo comparo con el coste de ese mismo café en cualquier otro lugar de la ciudad.

Pero enseguida me acuerdo de aquellas 900 PTA —unas 10.000 liras al cambio de aquella época—, que pagué en agosto de 1982 por otro café en el Florian de Venecia. Es decir 5,40€, hace 43 años. Cierto es que me lo sirvieron en bandeja plateada, con taza, plato y azucarero de porcelana con el escudo grabado en oro, además de unas pastitas de mantequilla deliciosas. También es cierto que, en el centro de la terraza, delante de la fachada de la cafetería había una pequeña orquesta a cuyo frente se encontraba un violinista dando las mejores notas del repertorio clásico. Todo allí tenía clase. O por lo menos, lo aparentaba.

El prestigioso café bajo las arcadas de la Procuratie Nouve en la Plaza de San Marcos de Venecia evocaba tradiciones y leyendas de los más de 300 años de historia del establecimiento, inaugurado en 1720 por Floriano Francesconi. Sus frescos en el pórtico, sus toldos venecianos y, sobre todo, su entorno —la plaza San Marcos con el campanile, la catedral, el palacio Ducal—, le daban un aura glamuroso que me hizo disfrutar de ese café como nunca y no reparé en el dispendio, que en aquellos días era una cantidad considerable y suponía una merma de mi presupuesto para esas vacaciones en Italia.

Eso mismo debe ser lo que siente un turista en nuestra ciudad. Pedir una consumición sentado en una terraza de la Plaza Mayor, bajo las estrellas, tras un día de visitas a los innumerables monumentos, rincones y espacios que tiene Salamanca, debe saberle a gloria. Descansar el cuerpo y agudizar la vista contemplando el ir y venir de cientos de personas de todas las edades y procedencias, puede hacerle sentir como si estuviera ante un escaparate humano y disfrutar de esa especie de fiesta para el conocimiento. Desde un lugar maravilloso, que ha sido testigo de acontecimientos trascendentales, puede evocar la historia, imaginar las miles y miles de conversaciones que se han producido en otro momento, pero allí mismo, o inventarse los más tiernos o disparatados cuentos que se le pasen por la cabeza.

Todo el perímetro y buena parte del empedrado, bajo un bosque de veladores y sombrillas, está repleto de bares, cafeterías y restaurantes. El local más antiguo y el más conocido por los visitantes es el Novelty, no solo por su decoración interior que incluye una efigie de Gonzalo Torrente Ballester, sino también por sus deliciosos helados. Esta cafetería abierta en 1905 ha visto desfilar “cuantos personajes ilustres visitan la ciudad” —como indica su propio reclamo publicitario—, y ha sido testigo de las innumerables tertulias de ciudadanos y ciudadanas notables y anónimos.

Ocupar una silla en su exterior, o en el de cualquier otro restaurante de este espacio asimétrico con el que Felipe V premió a la ciudad por su apoyo durante la guerra de Sucesión, es un privilegio. Y eso tiene un precio. Reflexionemos: ¿cuál es el enclave emblemático de Salamanca?, ¿dónde se concentra la actividad turística y comercial? o ¿en qué lugar han discurrido los hechos históricos más notables? Podría seguir haciéndome muchas más preguntas sobre diferentes aspectos y la respuesta siempre sería la misma: la Plaza Mayor. Ese es su valor añadido. Importa pues, no solo su belleza, la factura de sus pabellones, la sobriedad de sus ochenta y ocho arcos o la magnificencia del edificio consistorial: la Plaza Mayor es historia, es presente y es futuro.

Hoy, en el Florian pagas 14€ por el Caffè Espresso miscela Florian, de los cuales siete corresponden al supplemento orquestra sulla prima consumazione, que facturan por la música en vivo. En Salamanca cobran 2,70 € —eso sí, sin música, ni pastas de té—. Pero la sensación de felicidad es la misma y sale más barata.

Más noticias...