Incendiar el monte para salvar el sillón

La última decisión de la Junta de Castilla y León de expulsar al sector privado de la gestión forestal no tiene nada que ver con el monte, ni con la prevención de incendios, ni con la eficiencia. Tiene que ver con lo único que parece importarles a algunos políticos cuando huelen las urnas: salvar su sillón, aunque sea a costa de quemar el futuro de toda una comunidad.
A pocas semanas de las elecciones, el presidente y el consejero de Presidencia han optado por la vía más populista y ruin: entregar toda la gestión forestal y de incendios al ámbito público o a un medio propio público como TRAGSA, renunciando a décadas de experiencia privada, a cientos de empresas solventes y a miles de empleos que daban vida al medio rural.
Hasta hace unos meses defendían justo lo contrario. Sabían que la colaboración público-privada era la fórmula más eficaz, moderna y económica. Pero cuando el miedo a las urnas aprieta, la coherencia desaparece y se impone la política del miedo: contentar a los sindicatos, centralizar el control y lanzar un mensaje “progresista” para sobrevivir a la próxima cita electoral.
El resultado es tan previsible como lamentable: duplicar el gasto público, cargarse a un sector productivo y desviar recursos que deberían ir a educación o sanidad para tapar un error político monumental. Todo para mantener la foto, el titular y el puesto.
Mientras tanto, se elimina a las empresas privadas que llevan treinta años cuidando nuestros montes, invirtiendo en maquinaria, formando a profesionales y garantizando resultados. Su recompensa: el desprecio. Su pecado: no tener carnet político.
Castilla y León no necesita más gestos ni más propaganda; necesita gestión, técnica y sentido común. Porque entregar todo a una estructura pública sobredimensionada no es eficiencia: es hipoteca política. Y el precio lo pagaremos todos.
Lo más triste es que quienes se llenan la boca hablando de libertad económica y defensa del sector privado acaben gobernando con los tics de la izquierda más intervencionista. Si el Partido Popular actúa igual, ¿para qué votarles?
No han contado en ningún momento con el diálogo social en el que participa el sector empresarial, ni con la opinión de los propios técnicos de la Junta de Castilla y León.
Este cambio no obedece a ningún plan forestal serio, sino al pánico a perder votos. Es puro oportunismo electoral, una maniobra de supervivencia política a costa de un sector que era ejemplo en toda España.
Cuando pase la campaña, los carteles se retiren y el humo de las promesas se disipe, lo que quedará será un monte más caro de mantener, sin gestionar y sin empresas privadas que quieran volver.
Todo por un puñado de votos. Todo por salvar un sillón.













