Guerra de "ayudas"

Gobierno central, autonomías, diputaciones, ayuntamientos... todos ellos embarcados, ahora más que nunca, en una carrera de "ayudas" a la ciudadanía. Que la Junta anuncia su tarjeta de transporte "gratuito", pues raudo y veloz responde el Gobierno de España con el 'Plan Veo' -¿qué ves?- de "ayudas" a menores para financiar gafas y lentillas.
¿Que por qué se entrecomilla ayudas y gratuito en el párrafo anterior? Porque ni son realmente ayudas, ni mucho menos gratuitas. Nada es gratis. Si algún servicio no tiene coste alguno es, sencillamente, porque el ciudadano lo ha pagado ya previamente con sus impuestos. Por lo tanto, lo que las distintas administraciones hacen no es sino gestionar y destinar el dinero público -procedente de la ciudadanía- a lo que estiman conveniente, atendiendo no pocas veces más a intereses políticos y electorales, que al bien común de los administrados.
Así que, cuando a usted un político le diga que le va a dar algo gratis... simplemente es un truco sin magia. Pues, o bien se consigna una partida específica para ese fin, o bien se detraen fondos de un lugar para ponerlo en otro o, en el peor de los casos, se crearán nuevos impuestos/tasas/contribuciones o se subirán los ya existentes para poder atender esa "gratuidad".
Se trata, por lo tanto, de la gestión de los recursos públicos... y del uso del lenguaje, pues mediante la manipulación se puede lograr que el receptor del mensaje perciba que la pesada mochila impositiva que lleva a sus espaldas se va a ver aliviada por la empatía y misericordia de quien parte y reparte. Ingeniería lingüística para controlar el relato.
Para que una cantidad determinada sea realmente una ayuda al ciudano, aquella debería proceder de una fuente ajena a éste, y mucho nos tememos que los tributos irremediablemente -y de qué manera- forman parte de su día a día.
Si, por ejemplo, un grupo de diputados, consejeros o concejales, un buen día se sienten inspirados y deciden cada uno de ellos aportar de su propio salario una cantidad "x" que será destinada a financiar el gasto de un determinado servicio, ahí sí que podríamos hablar teóricamente de una ayuda. Claro que, técnicamente, esos sueldos son pagados con las aportaciones de la ciudadanía por vía impositiva. Por lo tanto, vemos como el pobre ciudadano acaba siempre "ayudándose" y "subvencionándose" a sí mismo.
Un pequeño inciso. Puede que haya quien esté pensando en un préstamo bancario como fuente externa que proporciona ingresos -"ayudas"- a alguien a cambio de un interés. Aunque inicialmente pueda parecer también teóricamente una ayuda, no nólo no lo es por el hecho de tener que devover un importe mayor que el inicialmente prestado, sino porque el préstamo no procede de fondos del propio banco como tal, sino de otros clientes de la entidad. El banco realmente no pone un duro de fondos propios en la operación... ¡¿Qué me estás diciendo?!
Volviendo a la "gratuidad" de servicios, ésta ya se da desde hace tiempo en otros países, donde al menos buena parte de su ciudadanía es consciente de que dicha gratuitad no es tal, sino que la clave está en la correcta y honrada gestión del dinero público -ese que una ex ministra lumbrera llegó a decir que "no es de nadie"-, gracias a la cual se pueden cubrir más y en mejores condiciones los servicios de la ciudadanía.
Pero por estos pagos ibéricos hay políticos que se han quedado, como Bill Murray, atrapados en el tiempo, lanzando consignas ya desfasadas y, lo que es peor, tomando a sus votantes por imbéciles y a la ciudadanía en general por idiotas. ¿Cómo va a ser "gratis" lo que se paga con sangre, sudor y lágrimas de los gobernados?
Por otro lado -a buen seguro que ya hay quien lo advirtiese hace tiempo-, a la población nos están haciendo poco a poco más dependiente de "ayudas" y "subsidios" -hay líneas de "ayudas" para todo-, lo cual debería llevarnos a la reflexión de que algo no debe ir tan bien cuando nuestro poder adquisitivo se deteriora día tras día y a marchas forzadas, perdiendo autosuficiencia económica, y necesitando ser "socorridos" por el Estado para llegar a fin de mes.
Un Estado que aspira, y lo está consiguiendo, a controlar todas las esferas del individuo, principalmente la económica, social, política, vida privada y pensamiento. Y ello inevitablemente conduce a un Estado totalitario, donde los derechos y libertades se resquebrajan y someten a quienes lo manejan -gobiernos, grandes corporaciones y entes supranacionales- y donde la ciudadanía poco a poco se va adaptando a vivir de las "ayudas" -limosnas- con actitud linsojera. Ojo con quienes tratan dialécticamente de convertir al mileurismo en sinónimo de clase media "próspera". Predominante, quizás, pero próspera...
Aunque a bote pronto, todos damos palmas con las orejas cuando nos anuncian algo que va a ser "gratis" o que estará subvencionado, mucho cuidado porque en esa guerra de "ayudas" en las que se enfrascan los políticos -y con mayor esmero cuando hay procesos electorales a la vista- quien pone los "muertos" -como siempre- es la ciudadanía. Una ciudadanía que se acostrumbra a vivir de las falaces dádivas del Estado acaba dejando en manos de éste su soberanía económica y, tarde o temprano, su libertad.
Quien renuncia a su libertad por seguridad, no merece ni libertad ni seguridad ― Benjamin Franklin.













