El final del verano

El sol, como un ojo cansado, se va hundiendo poco a poco tras los tejados de la plaza. La tarde ha tomado un atajo, y con el aire, aún tibio, colorea el cielo con degradado de naranjas, rosas y púrpuras.
Las sombras, por un instante, se alargan, estirándose perezosas para desaparecer en un suspiro, en un adiós sin prisas. Y es que la noche ha tomado el escenario y con ella el telón ha descendido, poco a poco.
La función ha terminado. El final del verano llegó, como reza la canción del recientemente fallecido Manuel de la Calva. Y sí, es verdad, aunque aún faltan algunos días para que el estío finalice, el regreso de los pequeños de la casa al colegio marca el final del verano.
Atrás quedan las bicicletas, aparcadas en la cochera de la casa del pueblo, junto a la pequeña tabla para jugar con las olas. Atrás queda el olor a Nivea extendiéndose por la espalda quemada. Los amigos, las noches al raso para cazar estrellas fugaces, las charlas a la fresca, sentados en el poyo de la casa, también son ya recuerdos.
Son archivos que vamos colocando en la carpeta del verano del 25, junto a las fotos en la playa, en la montaña o en la orilla del lago. En nuestra memoria quedará grabada la canción del verano y, por desgracia, también la canción de Sergio Ramos, pero quizás con un poco de suerte nos entre un troyano y consiga borrarla.
Lo que no conseguirá un troyano, ni 300, es borrar la imagen de esa chica, o de ese chico, con el que compartiste los mejores momentos de tu vida. Ese amor que, con el fin de verano, partirá y que nunca, nunca, nunca más olvidarás.
Cuando pasen los años, recordarás, viendo las fotos, las pintas que tenías, esos pantalones que ya no se llevan, esas zapatillas que parecen de tu abuelo y en tu rostro se dibujará una sonrisa. Esos recuerdos te alegrarán. Y verás esas instantáneas, tomadas con tu móvil nuevo, que te sobrecogerán.
Esas imágenes impactantes de la noche, con la cuerda del monte en llamas, con el reflejo azul de los coches de la Guardia Civil, con los focos de los buldóceres iluminando los cortafuegos. Esa foto que parece tomada en blanco y negro, pero que realmente es en color, es el bosque de castaños que rodea a tu pueblo, totalmente arrasado por las llamas.
Y reconocerás en la pantalla de tu teléfono a tus amigos, a tus paisanos, a tus abuelos, con el corazón en un puño, defendiendo su casa, su ganado, su futuro, su vida. La palabra del verano ha sido «fuego». Por desgracia ha sido el número uno en los cuarenta, y en todas las emisoras del país ha sonado cada día.
Esperemos que el próximo año, el próximo verano, lo único que arda sea tu deseo de ver de nuevo a esa chica, a ese chico, al que te hizo sentir tanta emoción cuando le conociste.













